Archivar en marzo 2018

Matrimonio, un Tema Para Hablar con Dios

La Biblia También es el Manual del Matrimonio

Matrimonio, una de  las elección más importante de nuestras vidas. Pero la mayoría llegamos a él sin el consejo de Dios.  Entonces, al llegar los problemas, nos hacemos la pregunta: ¿Esta era la persona que Dios quería para ser mi cónyuge?

 

¿Qué hacer cuando las consecuencias de una elección irresponsable aparecen? Sencillo, ir al Padre, conocer su diseño sobre el matrimonio y obedecer. El consejo de cualquier mortal será, por defecto, erróneo.

“Te haré tener perspicacia, y te instruiré en el camino en que debes ir. Ciertamente daré consejo con mi ojo sobre ti.” Salmo 32:8

Dios da consejo antes del matrimonio y dentro de un matrimonio difícil.

 

El matrimonio es una linda forma en que Dios nos enseña lo que es el amor. Como consecuencia Dios nos enseña a amar. Esto nos será de utilidad para realizar tareas de evangelización.

Notemos entonces que en la mayoría de matrimonios hay inconvenientes. Pero el más peligroso es el que alguno de los dos cónyuges «adore» a su compañero de vida. Para hacer más dramático el concepto yo les llamo parásitos del matrimonio.

Ningún humano está capacitado para recibir adoración. Ella simplemente lo corrompe o no soporta ese peso sobre su espalda. Las reacciones aparecen en la forma de abuso o desamor. El afectado lucha con sus propias fuerzas, pero de igual forma no sabrá cómo manejar «el fin de su felicidad».

Pocos son los que tienen claro lo que es el matrimonio al llegar a él.

 

Los esfuerzos humanos, frutos de la carne sin excepción, terminarán de minar un matrimonio herido. Esos esfuerzos son extremistas: o se abandonan ante su tirano o atacan con mayor crueldad que la recibida.  Irán a  la venganza: usando a los hijos, adulterio, violencia, etc.

Cuando las fuerzas se agotan y las «tácticas» se terminan, viene el desaliento; muchas veces acompañado de severas depresiones. Entonces nace la esperanza de que al verle derrotado el otro cónyuge sienta compasión y decida volver al hogar. Nada más alejado de la realidad.

Con la pérdida de la esperanza surge la última opción, que en realidad siempre fue la primera (¿o la única?), Dios Padre, Dios Hijo y el Espíritu Santo. Por intermedio de nuestra relación con Dios conoceremos entonces el concepto del verdadero amor y dejaremos de sufrir automáticamente, aún cuando el cónyuge en pecado siga actuando de forma equivocada.

Al iniciar nuestra relación matrimonial lo hacemos de forma arrebatada, dejándonos llevar por alucinaciones, sin saber qué tipo de fruto da nuestro cónyuge. Sin saber si viene sano de relaciones pasadas, ya sea con otras relaciones sentimentales o bien marcado por un hogar disfuncional. Y aun cuando se sabe que viene herido por una relación anterior lo que se hace, regularmente, es entrar en competencia con aquella relación y no se hace más que abrir la puerta al sufrimiento.

El pasado de cada persona puede ser el problema

 

Una persona que entra al matrimonio con heridas pasionales, porque entendamos que de amor no son, no podrá sentir ni siquiera pasión y de amor ni hablar. Pero curiosamente es la oportunidad que el creyente tiene para mostrarle a su cónyuge el verdadero amor. Es por intermedio de la siembra y el compromiso al pacto matrimonial que se puede quebrantar un corazón de piedra que no es capaz de dar felicidad, mucho menos de experimentarla.

El creyente que no esté en estrecha relación con el Señor podrá verse tentado a sufrir por un cónyuge que no muestra pasión o respeto al pacto. @RonnieVBCarrera Clic para tuitear

Dios con todo su poder, siempre está dispuesto a mostrar amor y perdón. ¿Quién o qué mortal es superior al Señor? El creyente que no esté en estrecha relación con el Señor, podrá verse tentado a sufrir por un cónyuge que no muestra pasión o respeto al pacto. ¿Qué hacer entonces? Entiende que un pacto con un rey es inquebrantable, cuánto más será un pacto con el Rey de reyes? La mayoría de matrimonios se rompen luego de la ironía de un cónyuge sin entendimiento. Otras veces por uno cónyuge adúltero, porque el herido tampoco sabe del compromiso de su pacto y abandona derrotado.

«Así ha dicho Jehová, Redentor tuyo, el Santo de Israel: Yo Jehová Dios tuyo, que te enseña provechosamente, que te encamina por el camino que andas». Isaías 48:17 Reina-Valera Antigua (RVA)

Como hijos del Rey, somos realeza. Linaje escogido quiere decir: príncipes y princesas. Por lo que no debemos permitir eñser pisoteados. Por tal razón el Señor permitió la separación. Pero separación dando honra y fidelidad a aquel con el que se ha hecho pacto, aunque no lo merezca.

El Matrimonio es un Pacto que Solo la Muerte Disuelve.

 

Observa al papá del hijo pródigo. Este padre no cuestiono a su hijo al reclamar una herencia, que de hecho no le correspondía. La herencia se recibe cuando la muerte separa a alguien de su familia (hasta que la muerte los separe). Seguramente papá entregó la herencia confiado en lo que pasaría. Él estaba seguro de que su hijo volvería algún día, más prospero o derrotado. Pero este hombre no se quitó la vida con angustias y temores. Seguramente descanso en el Señor. Y Él le devolvió a su hijo, renovado, humilde y agradecido por el perdón recibido. Y era tanta su fe, que cuando su hijo volvió, tenía listo un becerro gordo para festejar.

Puntos a recordar:

  • Tu confianza siempre en Dios.
  • El divorcio no anula, ante Dios, un matrimonio.
  • Tu integridad deberá ser irreprochable.
  • No manchar con tus palabras la integridad de tu cónyuge.
  • Crecer espiritualmente y buscar la presencia del Señor, constantemente.
  • Prepara el becerro para festejar.

¡Déjanos tu comentario y únete a la conversación!

 

RonnieVBCarrera  se define como un sobreviviente del adulterio, él escribe y comparte sobre restauración personal y matrimonial. Puedes seguirle en Twitter @RonnieVBCarrera
Este artículo procede del ministerio No Más Divorcios de En Pos de Dios
El material publicado en esta página se encuentra disponible para ser compartido gratuitamente. En cuyo caso, agradecemos su integridad al citar la fuente en respeto a nuestros derechos de autor.